De la luz del día, del viento y del mar
Es el mediodía de un domingo y estamos, por ejemplo, en la cocina.
La perra se ha tumbado al sol de una baldosa y hace que duerme.
La radio suena.
Nosotras nos tomamos el segundo café.
En la mesa camilla están sus sopas de letras, sus pinturas alpino y sus mandalas.
Le doy el pie de su copla favorita, la que le gusta cantar entornando los ojos, la que siempre me pide que cante "Si en el firmamento poder yo tuviera..." y me sigue "esta noche negra lo mismo que un pozo".
Y cantamos para recordar la letra subiendo y subiendo de tono a cada estrofa, hasta conseguir que la perra haga como que se despierta, nos mire atónita y salga huyendo hacía el salón.
Y ahora pienso, por estas extrañas asociaciones mentales, que "Si yo fuera reina de la luz del día, del viento y del mar....." y tuviera que pronunciar mis "once palabras" de contricción estilo realeza, no tendría ningún problema en decir "lo siento" mil veces, pero me resisto al "no lo volveré a hacer más".
No me comprometo a dejar de seguir equivocándome.
Una cosa es que sientas las consecuencias de tus actos en los demás y otra, renunciar a hacer algo que quieres por el efecto que eso pueda tener en los otros.
Sí, este último párrafo es muy espesito.
Sí, solo me entiendo yo, que no es poco.
Y no, no tiene nada que ver con el momento copla.
(Su copla favorita, pena, penita, pena)
Y no, no tiene nada que ver con el momento copla.
(Su copla favorita, pena, penita, pena)
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