Cuando todo era mucho
El supramago les enseñó todas las letras y les despidió agitando las cartulinas de colores "Ahora ya podréis leer todos los cuentos, formar todas las palabras y escribir todas las historias". Salieron corriendo, impacientes, para combinar las letras que dijesen todo lo que se tenían que decir. Al principio las letras se amontonaban por la euforia y se hablaban atropelladamente para contarse todo. Después, con más calma, aprendieron a inventar palabras que solo ellos conocían, para nombrar las cosas que solo a ellos les pertenecían. Y escribieron su historia.