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Mostrando las entradas etiquetadas como Murakami

Aquí empezó todo

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"A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era una mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo. " Sputnik, mi amor Haruki Murakami

Aquiles, el de los pies ligeros

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Le dejé jugar con mi anillo de flor lila gigante, ni siquiera le regañé cuando arrancó una piedrecita-pétalo aunque me vino bien para empezar a llorar ¿pero qué has hecho? Le miraba embelesada.  Le encontré guapo con su peinado tazón boca abajo y sus pantalones pesqueros que delataban todo lo que creció en verano. Como sigue andando de puntillas le quedan más cortos aún y dejan asomar al piolín de sus calcetines. Me he despedido de Aquiles. Que si la separación de sus padres, que si necesita otro tipo de atención, que  si no estaba evolucionando, que se ha trasladado... - ¿Y me lo dices ahora? me pregunta enfadada Ro- ¿Era eso lo que te pasaba? “—No puedo hablar bien —me explicó Naoko—. Últimamente me pasa mucho. De verdad que no puedo hablar bien. Cuando intento decir algo, sólo se me ocurren palabras que no vienen a cuento. Que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlo, me lío más aún, y más equ...

Histeria siberiana

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Haruki Murakami, fragmento Al sur de la frontera. " - El sur de la frontera, el oeste del sol - dijo. - ¿Qué es eso de «el oeste del sol»? - Existe de verdad - dijo- . ¿No has oído hablar de la histeria siberiana? - No. - Lo leí en alguna parte hace tiempo. Creo que cuando iba al instituto. No logro recordar dónde, pero, en fin, era una enfermedad que sufrían los campesinos de Siberia. Imagínatelo: eres un campesino y vives solo en los páramos de Siberia. Trabajas la tierra un día tras otro. A tu alrededor, hasta donde alcanza la vista, no hay nada. El horizonte al norte; el horizonte al este; el horizonte al sur; el horizonte al oeste. Nada más. Todos los días, cuando el sol sube por el este, vas al campo a trabajar. Cuando alcanza el cénit, descansas y comes. Cuando se oculta tras el horizonte, al oeste, vuelves a casa y duermes. - Una vida muy distinta a la de llevar un bar en Aoyama. - Sí - dijo ella sonriendo. Y ladeó un poco la cabeza- . Muy distinta. Y eso, día...

La tormenta de arena. Murakami

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"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta. Y cuando la tormenta de arena haya ...