Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Carmen Martín Gaite
"No es Valium ni Orfidal, no me ha entendido. Se trata de la fe. Sí: de la fe. Comprendo que es muy tarde y no son horas de andar telefoneando a una farmacia con tales quintaesencias. Lo que yo necesito para entrar confiada en el vientre del sueño es algún específico protector de la fe. ¿Que le ponga un ejemplo más concreto? Pues no sé… Necesito creerme que este saco cerrado por la boca y en cuya superficie se aprecia la joroba de envoltorios estáticos puede volver a abrirse alguna vez a provocar deseos y sorpresas bajo la luz del sol y de la luna, bajo el fervor clemente de los dioses del mar. ¡Oh, volver a sentir lo que era eso! Y ni siquiera necesito tanto —ya es menos lo que pido—; simplemente creerme que un día lo sentí intempestivamente cuando más descuidada nadaba de esperarlo, y supe con certeza que sí, que se podía, que un corazón doméstico cuando al fin se desboca es porque está latiendo sin saberlo desde otro muy cercano. Ya. Q...

Como una lucecita

Imagen
“Es curioso, uno a sí mismo siempre se reconoce por los ojos, porque en ellos es donde anida ese miedo a dejarse de reconocer, a haber perdido algún eslabón de la propia herencia, el miedo es lo que une el yo de ahora con los de antes, un ansia de pesquisa que imprime al rostro la expresión más incondicional, como una lucecita al fondo de la pupila.” “Irse de casa” de Carmen Martín Gaite (Podían verse ahora , en la oscuridad  de las lucecitas rojas)

Nubarrones

Imagen
  “Ayer no la había visto en todo el día. Me desperté muy temprano y cogí un coche de línea que lleva a Cádiz. Estuve deambulando por la Caleta, por el barrio de la Viña y por distintas calles y plazas que me traían el recuerdo idealizado de Manolo. Me quedé un rato apoyada en el mirador de Santa Elena, viendo los trenes desde arriba, todo ese laberinto de vías que se cruzan, con la bahía al fondo. Tiene una hermosura desolada, de postal antigua. «Es un sitio adonde vengo desde pequeño siempre que tengo ganas de llorar», me confesó Manolo en el último paseo que dimos juntos aquel verano, poco antes de que saliera mi tren. No habíamos hablado mucho. Él había quedado en que me iría a visitar a Madrid, pero yo sabía que ya todo iba a ser distinto, que se estaba consumiendo un verano irrepetible. «Márchate –le dije ya en la estación, adonde habíamos llegado con mucho tiempo-. No me gustan las despedidas. No sabe uno qué decir.» No dijo nada. Acababa de ayudarme a po...

Sin brújula

Imagen
“-Perdidos andamos todos, hombre. Lo único que a veces puede despertar curiosidad es saber con respecto a qué brújula. Porque a lo largo de la vida no hace uno más que inventarse brújulas o fijarse en las que inventan otros. Eso es lo que cambia; los bandazos son siempre los mismos: del entusiasmo a la decepción pasando por esa zona media de la conformidad, guarida preferente para la mayoría, donde el tiempo se ensaña, sin embargo, y pega sus dentelladas más crueles" Carmen Martín Gaite