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Mostrando entradas de enero, 2015

Hilvanes

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El mismo día que comprábamos los retales, al llegar a casa, queríamos empezar ya a cortar y a coser. Que nos enseñaran todo para aprender en un rato y, a ser posible, estrenar al día siguiente el vestido nuevo. La Josefina y mi madre se reían de nosotras. Sacaban el metro y apuntaban nuestras medidas. Luego abrían la cajita de lata donde guardaban las tizas de colores y dibujaban en las telas nuevas. Sin miedo, trazaban lineas gordas y luego finas, rectas en el cuerpo y curvas en la cadera. Y nosotras preguntábamos: "¿esos rallajos se van a ver?" A esas alturas veíamos imposible que pudiéramos estrenar aquello al día siguiente. Y éramos conscientes de que allí no éramos diseñadoras cuando alguna de las otras mujeres gritaba, por encima de las canciones de la radio : las niñas si quieren que hilvanen, o  que quiten hilos,  o que se vayan a jugar y no molesten. Protestábamos. Hilvanar es lo mas bonito, nos convencía mi madre. " Es pellizcar la tela con mimo...

Mi comentarista

"Sabes muy bien, de qué va esto. Tu fórmula (que es la mía), resulta infalible, Wendy. El marco, incomparable. El olor a jazmín, nos conducirá hasta el sueño."

La sombra de la alegría

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Es la sombra de la alegría de mi casa. Es el sol que siempre se cuela.

Deshilvanada

Prometí escribir una historia de las que te gustan... La Josefina vivía en la calle de la fuente. Cuando la conocimos, la curvatura de su columna era tan pronunciada hacia adelante, que su cabeza llegaba unos segundos antes que sus pies. Daba apuro verla venir y no hacer nada para aligerarle el paso y aliviar sus esfuerzos al acercarse. Vivía en un piso bajo, muy bajo porque había que descender por unas escaleras desde el portal. Una cocina pequeña y blanca que daba al norte y siempre estaba fría, un aseo sin ducha ni bañera, dos habitaciones pequeñas, tres hijos, un marido, una suegra y un salón luminoso, grande, que a las tres de la tarde de los días de diario, veía cómo se arrinconaba la mesa camilla y  se abría la mesa de libro. Hilos, retales, patrones. Y empezaban a llegar las mujeres que iban a  a coser. Mi madre era una de ellas. Continuaré, siempre...

Estrategia

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Ahora tiene una estrategia: que nunca le duela tanto.

009

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Luz

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"Por si no coges el sueño, que tengas luz". Y me regalan una lámpara.

Aludida

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Darme por aludida y volver a abrir de par en par la ventana. Correr como una loca a la cocina por la mañana al oler el café. Cantarme en un estribillo. Ceder el paso a la ilusión, como en aquella señal de tráfico. Deseo.