Hilvanes
El mismo día que comprábamos los retales, al llegar a casa, queríamos empezar ya a cortar y a coser. Que nos enseñaran todo para aprender en un rato y, a ser posible, estrenar al día siguiente el vestido nuevo. La Josefina y mi madre se reían de nosotras. Sacaban el metro y apuntaban nuestras medidas. Luego abrían la cajita de lata donde guardaban las tizas de colores y dibujaban en las telas nuevas. Sin miedo, trazaban lineas gordas y luego finas, rectas en el cuerpo y curvas en la cadera. Y nosotras preguntábamos: "¿esos rallajos se van a ver?" A esas alturas veíamos imposible que pudiéramos estrenar aquello al día siguiente. Y éramos conscientes de que allí no éramos diseñadoras cuando alguna de las otras mujeres gritaba, por encima de las canciones de la radio : las niñas si quieren que hilvanen, o que quiten hilos, o que se vayan a jugar y no molesten. Protestábamos. Hilvanar es lo mas bonito, nos convencía mi madre. " Es pellizcar la tela con mimo...