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Mostrando entradas de 2017
Abuelo
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27 de julio Casi nada ha superado la magia de las aceitunas y las gaseosas de colores de aquellos domingos por la tarde. Tus manos llenas de sol, de siega, de jornales junto a mis manos de niña, como dos cómplices, sentados en la terraza del bar de Reboto. Sigo escuchando tus pasitos cortos por el pasillo. Y aún veo tu mirada azul nublada de cataratas. Conservo la cesta de viaje, el martillo de madera y el mechero de piedra. Sonrío cuando recuerdo cómo llamabas "joio tonto" a los que, por hacerse simpáticos, jugaban con tu gorra. A veces sueño que vienes a despertarme, que juegas con mi pie y me dices: " Levántate, dormilona, que vas a llegar tarde al cole". Solo que ahora, en vez de hacerme la remolona y pedir cinco minutos más, me levanto corriendo y te abrazo. Esta semana han vuelto a nacer en el jardín las flores y mi madre, en cuanto se lo he contado, ha dicho: "Si las viera abuelo..."
Te quiero
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Con "te quiero" ocurre lo mismo que con ¿y tú a mí?. Una vez que lo sueltas, no sabes lo que te devolverá el boomerang. O si te quedarás esperando y no llegará nada. Primer día de vacaciones, ocho y media de la mañana y despierta con ganas de decirle "te quiero". Media vuelta en la cama, un microsueño y ganas de abrazarle. Entonces el olor del café, la tortuga asomando la cabeza, un poema sin título, una golondrina, una ventana abierta y ya se lo había dicho.
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El autobús salió de Barcelona a primera hora de la tarde y hasta las tres de la madrugada no llegará al pueblo. Viaja muy poca gente y apenas hablan entre ellos. Él va a visitar a su padre. Enviudó hace un mes y los hijos están preocupados porque desde entonces casi no habla. Antes no paraba de hablar. Los compañeros de la residencia le daban esquinazo si le veían acercarse por el pasillo. No soltaba la palabra y repetía lo mismo cada día, cada hora, cada momento. En Hospitalet, un familiar le acercó a la parada del bus dos bocatas: uno de pechuga de pollo a la plancha y otro de tortilla de patatas, y dos naranjas. Lo comerá todo de una sentada; muy despacio, saboreándolo. Al terminar dirá que está delicioso. Luego, mirará por la ventanilla y verá ponerse el sol. Acaban de pasar Zaragoza.
Borrachuelos
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Me suena que mis padres hablaban de un hombre del pueblo al que llamaban Caramba. A mi me hacía gracia pensar que pronunciabas en alto "¡Caramba!" y un señor se paraba, volvía la cabeza y te sonreía. Llegaba un vecino y decía "Vengo de tomarme unos chatos con Caramba", y los niños estallábamos en carcajadas porque no podíamos resistirnos a escuchar en una misma frase "chatos" y "caramba". El tordo, la pajarona, la cabeza meneona, el patas gordas... hacían que nos buscásemos con la mirada y riésemos hasta que las madres nos decían "niños!!!". Aquella excitación de los nombres nos duró varios veranos. (Esto es más de una línea)