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Algunos días añoro lo que nunca tuve. Es extraño pero me pasa.

Todavía

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Y después de hablar de los tiempos: el tiempo que me veía en la calle jugando a la goma, el de verano en que íbamos a la piscina, el de cruzarse por la escalera, los ratos, los años, los meses y los días que pasaron sin vernos. Después, va y me dice que estoy guapa todavía. Todavía.
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Abuelo

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27 de julio Casi nada ha superado la magia de las aceitunas y las gaseosas de colores de aquellos domingos por la tarde. Tus manos llenas de sol, de siega, de jornales junto a mis manos de niña, como dos cómplices, sentados en la terraza del bar de Reboto. Sigo escuchando tus pasitos cortos por el pasillo. Y aún veo tu mirada azul nublada de cataratas. Conservo la cesta de viaje, el martillo de madera y el mechero de piedra. Sonrío cuando recuerdo cómo llamabas "joio tonto" a los que, por hacerse simpáticos, jugaban con tu gorra. A veces sueño que vienes a despertarme, que juegas con mi pie y me dices: " Levántate, dormilona, que vas a llegar tarde al cole". Solo que ahora, en vez de hacerme la remolona y pedir cinco minutos más, me levanto corriendo y te abrazo. Esta semana han vuelto a nacer en el jardín las flores y mi madre, en cuanto se lo he contado, ha dicho: "Si las viera abuelo..."

Domingo de verano

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Vendrán otros domingos de verano y desearé que, como hoy,  también me despierte el  trazo de tus versos en el papel.

Verano

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«Tenía esa familiar convicción de que la vida comenzaba de nuevo con el verano». El Gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald

Te quiero

Con "te quiero" ocurre lo mismo que con ¿y tú a mí?. Una vez que lo sueltas, no sabes lo que te devolverá el boomerang. O si te quedarás esperando y no llegará nada. Primer día de vacaciones, ocho y media de la mañana y despierta con ganas de decirle "te quiero". Media vuelta en la cama, un microsueño y ganas de abrazarle. Entonces el olor del café, la tortuga asomando la cabeza, un poema sin título, una golondrina, una ventana abierta y ya se lo había dicho.

¿Y tú a mi?

Decía que había preguntas que era mejor no hacerlas. Él  envió un beso y luego dijo: ¿y tú a mi? Y al cabo de un rato, solo se escuchó el canto de un grillo.

Entrañable

También me iré de aquí. Lo supe cuando se acabó la mermelada de albaricoque. A pesar de no haberla probado nunca, vi el tarro y me dolían los huecos vacíos. Lo sabía de antes.

Ahora

Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.  Uno de esos terrenales instantes a los que se pide que duren. Wyslawa Szymborska

Chascos

Me hablaba hace unos días de los chascos que se había llevado con algunos amigos. Onomatopeya que se quiebra en la primera sílaba y te remata al final. chas/co

Madrid

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Feria del libro

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Una alegría en la oficina.

Alguien esperándome

Me dijo que ayer llovió toda la tarde  y  había charcos en el jardín de mi casa del Norte. Que esta primavera no habían visto ni una golondrina y que en la nevera me esperaban mis dos activias de fresa. Alguien esperándome.
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El autobús salió de Barcelona a primera hora de la tarde y hasta las tres de la madrugada no llegará al pueblo. Viaja muy poca gente y apenas hablan entre ellos. Él va a visitar a su padre. Enviudó hace un mes y los hijos están preocupados porque desde entonces​ casi no​ habla. Antes no paraba de hablar. Los compañeros de la residencia le daban esquinazo si le veían acercarse por el pasillo. No soltaba la palabra y repetía lo mismo cada día, cada hora, cada momento. En Hospitalet, un familiar le acercó a la parada del bus dos bocatas: uno de pechuga de pollo a la plancha y otro de tortilla de patatas, y dos naranjas. Lo comerá todo de una sentada; muy despacio, saboreándolo. Al terminar dirá que está delicioso. Luego, mirará por la ventanilla y verá ponerse el sol. Acaban de pasar Zaragoza.

volar

El hombre pide a la mujer que no le olvide. Luego, adopta un semblante que quiere parecer broma y amenaza con cortarle las alas si no vuelve. La mujer le mira, le traspasa con la mirada, le pierde de vista. Y echa a volar.

De lo real

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Esa manía de fotografiar el instante, de captar el momento, todos los instantes, todos los momentos. Clic. El ansia por retener todo lo que está pasando. Clic, clic. Dejar constancia de lo aparente, de lo que se ve. Y luego, ilusos, llamarnos testigos de lo real.

Diálogos

"Me he hartado de ir detrás de usted", dice el protagonista de la película a  la  mujer  rubia.  "¿Y  cuándo había  empezado a ir detrás de mí?"  le pregunta ella." Nos miramos, sorprendidos por los diálogos de la película que nos han despertado de la siesta. Sonreímos.
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Un cojín

Es un reportaje sobre decoración. La voz en off dice que cada asiento cobra protagonismo. Se ve un patio de butacas. En cada una de ellas descansa un cojín.  Todos los cojines son iguales. No le doy más vueltas. No me  interesan los asientos protagonistas.

Empezar bien

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Alguien me lee

Anoche me dormí fascinada porque me lee. A pesar de mis silencios y de las largas que le doy, me lee. Aunque no escriba, encuentra mis palabras. Y ahora ya es de noche otra vez y puedo inventarme la historia de todas las cosas que aún no hemos nombrado.

Desenfocadas y silvestres

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Colgada

Para darme vidilla, me seguía colgando de sus monosílabos con tres yuxtapuestas y dos subordinadas, aunque sabía que ya era redundancia. Quizás podría acostumbrarme a refugiarme eternamente en sus silencios. Quizás, no.

Cejilla

Dice que ha abierto una cerveza con una cejilla y es lo mejor que ha tocado nunca.

Borrachuelos

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Me suena que mis padres hablaban de un hombre del pueblo al que llamaban Caramba. A mi me hacía gracia pensar que pronunciabas en alto "¡Caramba!" y un señor se paraba, volvía la cabeza y te sonreía. Llegaba un vecino y decía "Vengo de tomarme unos chatos con Caramba", y los niños estallábamos en carcajadas porque no podíamos resistirnos a escuchar en una misma frase "chatos" y "caramba". El tordo, la pajarona, la cabeza meneona, el patas gordas...  hacían que nos buscásemos con la mirada y riésemos hasta que las madres nos decían "niños!!!". Aquella excitación de los nombres nos duró varios veranos. (Esto es más de una línea)
Si fuese capaz de escribir una línea.
"Hay besos que se dan con la mirada hay besos que se dan con la memoria." Gabriela Mistral

nueve de enero

"Siempre me ha gustado tumbarme mirando al techo, es mi preparación para soñar, para calmarme o para decidir cualquier cosa. Y cuanto más espacio medie entre los ojos y la tapia contra la que se estrellan, más libre es el viaje del pensamiento, más sorpresas puede dar." Carmen Martín Gaite