Insomnio


Serían las seis de la mañana cuando me llegaron los primeros sonidos de la actividad en el puerto.

Interrumpieron un sueño en el que una lectora se colaba en mi casa, en mi cama, y me exigía que me dejase de historias y empezase a contar mis otras fantasías.
Era una mujer que se acercaba mucho al hablar y me hacía sentir incómoda.

La sirena de un barco atracando en el muelle la hacía retroceder en su entusiasmo y yo aprovechaba para decirle que había tropecientos mil blogs por el mundo llenos de fantasís y aquí no se atendían peticiones del lector.
Y que por supuesto, saliera de mi cama y me dejara dormir.

Entonces dijo que sabía lo de las manos. Que me había visto acariciar las uñas desgastadas una y otra vez, deteniéndome siempre en el pulgar. Que no le podía ocultar que me sabía de memoria el camino que trazaban las líneas de esos dedos y quería que lo contara todo.
Ahora era ensordecedor el murmullo de las gaviotas. Seguro que ya estaba  todo lleno de barcos. Me acurruqué en mi sueño y la mujer me destapó. "¡¡Escríbeme adónde te llevan las líneas!!

Me despertó  un golpe seco y un motor en marcha.
Recordé que aquí no hay mar y aquello debía de ser algún trailer descargando mercancía en el parking del Lidl del barrio, o el camión de la basura.

Entonces soñé que los dedos desgastados se enredaban en mi pelo "tranquila".



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