Ensaladilla rusa
Una casa de pueblo en el centro de la ciudad.
Como las que dibujaba de pequeña: puerta en el centro, dos ventanas a los lados y un tejado bajito en el que la chimenea de aquel dibujo se ha convertido en antenas de televisión.
Es una casa de mujeres. Una madre, tres hijas, una nieta.
Me ha recibido la madre "Las chicas estarán al llegar. Creo que han ido a comprarme algo. Pasa a la cocina, que tengo el pollo en el horno y ¡¡cuidado con Ataulfa!!"
La tortuga ya estaba en mis pies.
Es una cocina de juguete.
Ella, el pollo, la tortuga y yo casi la llenábamos. Pero además, las paredes estaban llenas de muebles, la encimera de utensilios, el frigorífico de imanes. Una cocina repleta donde una encuentra fácilmente un sitio.
En el centro había una mesa con patatas cocidas. "Mira las horas que son y todavía no sé si va a ser ensaladilla rusa o ensalada campera".
Debajo del delantal tenía el pijama. Habla muy fuerte y muy deprisa mirando a los ojos. No desperdicia palabras. Sin rodeos. "Acércate al horno que la lumbre lo cura todo".
Ataulfa ya estaba en mis manos.
No podía dejar de mirarlo todo. No había un espacio en blanco. Sartenes y cacerolas encajadas como piezas de un puzzle. Unos saquitos blancos donde se intuía "harina", "azúcar", "amor".
- ¿amor?
-"arroz, lo escribió mi nieta y como no pronuncia bien la erre pone lo que quiere".
Iba a sonreir pero en ese momento se me escurrió Ataulfa.
Cuando la recogí ví que se había manchado el caparazón de mayonesa.
Sería ensaladilla rusa.
Como las que dibujaba de pequeña: puerta en el centro, dos ventanas a los lados y un tejado bajito en el que la chimenea de aquel dibujo se ha convertido en antenas de televisión.
Es una casa de mujeres. Una madre, tres hijas, una nieta.
Me ha recibido la madre "Las chicas estarán al llegar. Creo que han ido a comprarme algo. Pasa a la cocina, que tengo el pollo en el horno y ¡¡cuidado con Ataulfa!!"
La tortuga ya estaba en mis pies.
Es una cocina de juguete.
Ella, el pollo, la tortuga y yo casi la llenábamos. Pero además, las paredes estaban llenas de muebles, la encimera de utensilios, el frigorífico de imanes. Una cocina repleta donde una encuentra fácilmente un sitio.
En el centro había una mesa con patatas cocidas. "Mira las horas que son y todavía no sé si va a ser ensaladilla rusa o ensalada campera".
Debajo del delantal tenía el pijama. Habla muy fuerte y muy deprisa mirando a los ojos. No desperdicia palabras. Sin rodeos. "Acércate al horno que la lumbre lo cura todo".
Ataulfa ya estaba en mis manos.
No podía dejar de mirarlo todo. No había un espacio en blanco. Sartenes y cacerolas encajadas como piezas de un puzzle. Unos saquitos blancos donde se intuía "harina", "azúcar", "amor".
- ¿amor?
-"arroz, lo escribió mi nieta y como no pronuncia bien la erre pone lo que quiere".
Iba a sonreir pero en ese momento se me escurrió Ataulfa.
Cuando la recogí ví que se había manchado el caparazón de mayonesa.
Sería ensaladilla rusa.

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