To be alive
La canción me recordará siempre al hermano de "la Silvi, la francesa".
La llamábamos así porque nació en París. A su padre también le llamábamos "el francés" aunque nació en Avila y su mujer, nacida en Talavera, era "la mujer del francés".
En la periferia de París, donde vivían, eran "les espagnols". Pero a nosotros, los niños del barrio, nos parecía que aquella familia era muy exótica y que tenía que ser de otro mundo.
Cada verano, a primeros de agosto, veíamos llegar un cochazo azul eléctrico con carrito de equipaje que ocupaba media calle. Bueno, nunca lo veíamos llegar, de repente un día nos despertábamos y el coche ya estaba allí.
Nos gustaba jugar alrededor de él, mirar por la ventanilla, tocarlo. ¡¡Venía de París!! Mirábamos las ruedas fíjamente a ver si veíamos huellas de las calles que habían pisado. ¡Se dice "guí"! decía Silvi.
Y nos hacía gracia. ¡Pues yo vivo en la guí plaza de la paz!
¡No, no, non!! se enfadaba, si en vez de una calle es una plaza se dice "plas" y no "guí".
El caso es que su hermano era el mayor aliciente del desembarco de "los franceses" en los veranos de nuestra infancia. Nosotras niñas y él adolescente. ¡Y con aquel acento!
Ya no recuerdo su cara, ni su nombre.
Sé que un verano llegó al barrio, como todos los primeros de agosto, en el coche azul eléctrico pero aquel año no volvió a París con su familia, como todos los primeros de septiembre.
Creo que fue un accidente, una madrugada, un coche blanco.
Nunca hablamos de aquello.
Éramos niños pero aprendimos, sin que nadie nos lo enseñara, que había que guardar silencio cuando una amiga no quería hablar.
...pues el hermano de la Silvi, la nuestra, tenía el pelo rizado como el intérprete de la versión original de esta canción.
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