Tormenta
Cenando con vistas a la tormenta que cae esta noche en Madrid.
Coincide con el final del minirecital que han preparado para los invitados a la boda.
Se lo podían haber ahorrado. El espectáculo han sido los relámpagos y truenos.
Luego el mejor final: el olor a tierra mojada.
Una pareja, delante de mí, discrepa sobre lo poético del momento.
- ¿Te gusta el olor a tormenta, cari? pregunta él
- No me gusta, mi amor.- responde ella.
- ¿Qué no te gusta?
- No, no me gusta.
-¿Por qué no te gusta?
- Oye, no tengo que responderte a todo, no eres un juez. No me gusta y ya está.
A mi, sí. Hay charcos, huele a verano nuevo, y hay estrellas (puedo verlas nítidamente con mis gafas de cerca).
- Es que yo no soy como tú, de perder la cabeza por cualquier tontería. (Escucho que sigo relatando la mujer).
Él duda un momento y luego pasa el brazo sobre el hombro de ella. No, coloca el brazo abrazando el respaldo de la silla de la mujer. Un ratito parado y luego, cogiendo confianza y para limar asperezas, tamborilea en la silla.
Ha parado la música y diluvia en Madrid.
El padre de la novia lleva un perro en brazos y aprieta el paso hasta ponerlo a cubierto. Alguien dice que es un regalo de los italianos.
Nos vamos dispersando y pierdo de vista a mis acompañantes.
Truena.
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