31 de mayo




La mañana de aquel 31 de mayo,  iba andando por la calle cuando un señor mayor me hizo señas para que me parase.

El hombre movía los brazos con gestos de acunar a un niño, luego me señalaba unas rosas de un jardín cercano y después hacía como que se desmayaba. 

Repitió la misma secuencia varias veces,  interrogándome con ojos anhelantes para ver si lo descifraba. 

No entendía nada y pensé que estaba pirado.
"Mire es que tengo un poco de prisa", le dije escaqueándome, y empecé a andar para intentar alejarme. 

Entonces cogió una flor, acunó al niño imaginario más deprisa y se tumbó en el suelo.

En la acera ya éramos un grupito de gente que se había ido arremolinando al ver gesticular al hombre.
Un chico dijo "este tio está loco". De pronto una señora gritó: "ahhhh ya lo tengo: que se ha muerto el hijo de Lola Flores."

El señor mudo sonrió, tocó las palmas y cruzó la calle para seguir informando a otros transeúntes.

Y así me enteré de la noticia.

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