Este sol de mi alma

Los fines de semana , cuando se levanta, se acerca despacito a la puerta de mi habitación.

Es una costumbre de los tiempos de keli.
Andaban por el pasillo con pasos blanditos, como le gusta decir a ella. Se asomaban, y si me veía despierta, abría de par en par y  keli entraba corriendo a lloriquear para que la subiera a los pies de la cama.

Ahora viene ella sola, busca mi dedo gordo del pie y lo acaricia.


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