domingo noche



Le empezaba a dar rabia no desacostumbrarse a la misma velocidad que él.

Detestaba que su memoria de pitagorina no le permitiera olvidar las palabras que ya no había que pronunciar.
Y un par de veces se había mordido la lengua.

Le dolía no desayunar al sol.
El desamor.
Dormir a oscuras.
La afonía repentina.
Y que él tuviera planes de verano.
Como a una niña chica le sacaba de quicio.
Y eso le daba más rabia, porque deseaba que él fuese feliz.
Pero qué haría ella,  ahora que el suelo del salón era un otoño de hojas de la alegría de la casa



Comentarios

Entradas populares de este blog