Adolfo, Alfonso, Juana
El día que nombraron presidente a Suárez estábamos en los pinos de Griñón.
Supongo que sería un sábado, un domingo, vacaciones o un día de fiesta; porque ir a los pinos era lo más parecido a una fiesta.
Llegábamos allí por la mañana varias familias repartidas en varios coches, en aquella época éramos más personas que coches. Las mantas en el suelo, las cuerdas en los pinos para jugar a saltar, las neveras en la sombra, la radio colgada de un árbol, los bikinis, el seat127 amarillo de Alejandro, las tortillas de patata, los filetes empanados, las moscas.
Los mayores y la brisca.
Los pequeños y las cartas de las familias.
Al mediodía, los mayores subieron el volumen de la radio que colgaba de un pino y mandaron callar a los pequeños para escuchar un nombre.
- "¡Ha dicho Alfonso! -gritó la Juana- "no se me va a olvidar nunca, Alfonso como mi hermano"!
Los pequeños no entendíamos aquel entusiasmo.
- "No, ha dicho Adolfo" corrigió alguno de los niños.
Y la Juana se desinfló como un globito. Intuyendo, presintiendo que quizás tal día como hoy, ya no podría recordar aquel nombre y quizás tampoco el suyo, mientras se empeña en no olvidar la receta de las rosquillas.

Menudas merendolas!!! Aquellos pinos.... hicieron una urbanización de chalés......
ResponderEliminarLas rosquillas siempre permanecen.