Se van

Los he visto llegar.

Con algunos compartí palabras porque utilizábamos el mismo código verbal.

Con otros practiqué la pintura naif , un reloj para informar de un horario, un plano para indicar una calle.
O la mímica, " a las 3, comer" (llevándome una cuchara imaginaria a la boca).

Cruce de sonrisas y de frustración por no poder decirnos todo.

Me enseñaron idiomas, para pronunciar sus nombres.

Y Geografía hablándome, ensimismados, de sus países.

Me regalaron sus peinados multicolores. Sus aceites. Su café. Sus dulces.

De un año a otro había familias que crecían porque se reencontraban. Administrativamente lo llamaban reagrupación. Sociológicamente era el efecto llamada. En la práctica era alegría  "¡¡¡Mira esta es mi hija de la que tanto te había hablado, ya llegó!!!")

Los he visto nacer. Me han regalado sonrisas de colorines desde la espalda de sus madres, o llantos desde sus carritos.

Hace años empezaron a irse.

"Es que es ahora o nunca.  Aunque me duela  porque llegué aquí con 18 años y ahora tengo 40. Mis hijas que son muy pequeñas, cuando vamos a mi país de vacaciones dicen que quieren volver aquí, a casa. Y luego va a ser muy tarde".




Se están yendo como vinieron.  Lágrimas en los ojos porque dejan aquí parte de su familia y muchas ilusiones.

Se van.

De "a poco", porque uno nunca se va del todo cuando deja atrás algo que le hará volver la mirada.

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