Bucéfalo
Me despertaron los gritos de una mujer.
Ya estaba amaneciendo y se colaba por la ventana esa luz especial del momento en que se cruzan la noche y el día.
Me incorporé y me senté en la cama, muerta de sueño.
Ahora no se escuchaba nada.
Pensando que habría sido alguna pesadilla, intenté volver a dormirme, deprisa, para apurar al menos media hora antes de irme a trabajar.
Entonces volví a escucharlo, no eran gritos. Bueno sí , grititos, suspiros, ohhhhhhs y ahhhhhhhhhhs subiendo de intensidad.
Eran los vecinos del piso de abajo. La vecina.
Me quería dormir.
Estuve dando vueltas un rato sin conseguirlo.
Y la luz del día ya se estaba imponiendo a la oscuridad.
Y susurré en silencio "Venga, por favor, que me tengo que levantar pronto" (Excusas, sí)
Después de un rato, nerviosa, cogí el libro que estaba en mi mesita de noche. Un tocho, una trilogía sobre Alejandro Magno. Lo levanté un poco en el aire y lo dejé caer al suelo de golpe.
Sí, estuvo mal, pero es que tenía mucho sueño...
De esto hace once meses.
Ahora, al amanecer, todos los días en ese momento en que se entremezclan las luces de la noche y el día, me despierta el llanto de un niño.
Resuena, poderoso e inagotable, en el silencio. Como los cascos de Bucéfalo en plena estampida, en el piso de abajo.
Justicia poética.
Ese juego de luces tiene peligro :-)
ResponderEliminarLa próxima vez un libro más ligero.
¡Abrazo!
Bucéfalo.
ResponderEliminarNegro como un espíritu del Hades,
Ligero como un dios,
la piel brillante,
Rebelde a la montura
y al montante................
Ahora regálale un libro, tocho de Nanas. En mano.
ResponderEliminarAl final consigues que me registre. Adónde vayas.
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