Hoy todavía es mayo
Aquí un día iba a pasar algo y pasó el 15 de mayo.
Algunos dirán que no lo vieron venir hasta que llegó a la plaza.
Otros, que lo esperaban hace tiempo aunque no sabían exactamente por dónde vendría.
El caso es que aquel día, las plazas de los pueblos empezaron a llenarse de gente que se llamaba a sí misma Indignada.
Desde una esquina decían "son de los suyos". Desde la otra exclamaban "son de los nuestros aunque ellos no lo sepan".
Y a las plazas seguían llegando ciudadanos desde todas las calles. Gente de la misma y de distinta edad, de aquí y de allá. Individuos que posiblemente nunca habrían pensado ser compañeros de viaje y que decidieron compartir el suelo de la calle bajo el mismo techo de la indignación.
Algunos intentaron poner nombre al fenómeno buscándole el ADN y hablaban de primavera árabe, de mayo francés, de spanish revolution. Pero como decía Shakespeare ¿Qué es un nombre..?
Cuando comprendieron que habían venido no solo a indignarse sino también para quedarse se empezó a tratar sobre la esperanza de vida del movimiento: esto dura cuatro días, esto ya dura demasiado, habría que desalojar, no nos moverán...
Cada uno tendrá sus motivos para indignarse.
Para algunos será decir "hasta aquí hemos llegado".
O gritar "no estoy de acuerdo con lo que usted decide en mi nombre", para otros.
Y debiera ser también, pasada la vehemencia de la indignación, comprometerse en la transformación de la sociedad en la que uno vive.
Las calles volverán a quedarse vacías. Sin embargo, seguirá siendo mayo mientras recordemos que un día alguien cogió un megáfono y en las plazas se hizo la palabra.
Algunos dirán que no lo vieron venir hasta que llegó a la plaza.
Otros, que lo esperaban hace tiempo aunque no sabían exactamente por dónde vendría.
El caso es que aquel día, las plazas de los pueblos empezaron a llenarse de gente que se llamaba a sí misma Indignada.
Desde una esquina decían "son de los suyos". Desde la otra exclamaban "son de los nuestros aunque ellos no lo sepan".
Y a las plazas seguían llegando ciudadanos desde todas las calles. Gente de la misma y de distinta edad, de aquí y de allá. Individuos que posiblemente nunca habrían pensado ser compañeros de viaje y que decidieron compartir el suelo de la calle bajo el mismo techo de la indignación.
Algunos intentaron poner nombre al fenómeno buscándole el ADN y hablaban de primavera árabe, de mayo francés, de spanish revolution. Pero como decía Shakespeare ¿Qué es un nombre..?
Cuando comprendieron que habían venido no solo a indignarse sino también para quedarse se empezó a tratar sobre la esperanza de vida del movimiento: esto dura cuatro días, esto ya dura demasiado, habría que desalojar, no nos moverán...
Cada uno tendrá sus motivos para indignarse.
Para algunos será decir "hasta aquí hemos llegado".
O gritar "no estoy de acuerdo con lo que usted decide en mi nombre", para otros.
Y debiera ser también, pasada la vehemencia de la indignación, comprometerse en la transformación de la sociedad en la que uno vive.
Las calles volverán a quedarse vacías. Sin embargo, seguirá siendo mayo mientras recordemos que un día alguien cogió un megáfono y en las plazas se hizo la palabra.
(Lo que llamamos rosa... Shakespeare)
es lo que tiene mayo,hace que la flor y la palabra, surjan incluso de entre las piedras.
ResponderEliminareste en especial, nos obliga a mantener la memoria y la consciencia despiertas.
besos
Con la memoria despierta pero muuuucho sueño hasta que me tome mi segundo café... un besazo
ResponderEliminarYo, que reivindico octubre (soy más de otoño, qué se le va a hacer), sigo emocionada. Y, lo que es más importante, esperanzada. Que somos más, joder, que hay que gritarlo: "somos más y tenemos razón". La razón no puede estar nunca del lado de la injusticia. Y la injusticia no se puede sostener.
ResponderEliminarBesos!