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                            - En el fondo del mar -dijo Tobías- hay un pueblo de casitas blancas con millones de flores en las terrazas. Gabriel García Márquez

Adonde se vaya la gente

Está cansada. Su voz, que no ha perdido dulzura a pesar de lo amargo del cáncer, susurra que se quiere ir ya. ¿Adónde? pregunto con un hilo de voz que pretende sonar ingenuo. No sé, adonde se vaya la gente...

oración a mi barquito azul

No dejes de surcar mis charcos en las mañanas de goteras.

Uso de mayúsculas

" 4.11. Se escriben con mayúscula inicial los nombres de galaxias, constelaciones, estrellas, planetas y satélites: Tú".

Para mi

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Sabía que era mío. Pero me hice la sorda porque no me cansaba de escucharle decir que lo escribió para mi.

La hija de Marta

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La hija de Marta se ha enamorado. Nos los ha soltado esta mañana, en su primer  día de vuelta al trabajo. Cuenta que después de un tiempo de tonteo con un amigo de la urbanización, y tras un verano de cruzarse al sol en bañador, ya son novios. Marta nos da la noticia con una sonrisa cómplice y ojos de "¿os acordáis de cuando vuestro primer amor?- pues así está Marina y así estamos nosotros. Todos enamorados - sigue contando- mi hija, mi marido, mi hija pequeña, el novio, el perro, y yo. En los desayunos ya no hablamos de las clases particulares de física, ni de los libros que necesitan, ni del pastón de la matrícula. Ni hacemos planes para los puentes. Todo gira sobre Anselmo: si le gustarán más las galletas redondas o cuadradas, la leche entera o desnatada y si le vamos a invitar al cumpleaños de la abuela que es este domingo. Un poco pronto, dice el padre. El lema de Marina era "Todo es más bonito con pizza" y ahora "Todo es más bonito c...

En medio de mi vida

Estos días de octubre me recuerdan a mi perrita. Ahora ya no está, pero en su último otoño, cuando ya se intuía que no iba a llegar al invierno, yo cogí la costumbre de acostarme muy tarde. Recuerdo que hacía frío, no como estos días. Me quedaba jugando con ella en su mantita hasta las tantas, para apurar cada instante. Ella, al parecer ajena a la gravedad, jugaba y jugaba y se hacia la "longui" cuando le hablabas de irse a dormir. Me daba pena meterme en la cama y saber que no la volvería a tener cerca. La pena me producía frío y cogí la costumbre de ponerme una vieja chaqueta de lana azul. La más vieja y más calentita que tenía, la de los botones enormes. Pensaba ..cualquiera que me vea acostarme con el pijama y la chaqueta de montaña!. Pero la lana amortiguaba la inquietud. Este octubre, estoy como en medio de mi propia vida, en mitad de mi insomnio. Y sé que otra vez todo es posible.