De la chao
Los chicos mayores del patio cantaban una canción nueva.
Carlos, Javi y Manolín eran cinco o seis años mayores que nosotras.
Solían sentarse en círculo en el suelo para jugar a las chapas o a las canicas y a nosotras nos gustaba estar por allí y escuchar de qué hablaban.
Muchas veces no querían que oyésemos sus conversaciones y nos invitaban a irnos. Creo recordar que casi siempre con la cantinela de que aquello no eran cosas de chicas.
Otras veces, aunque sólo fuese porque necesitaban gente para hacer parejas de juego, nos dejaban participar en sus cosas de chicos y mayores.
Allí, en ese patio de mi infancia del barrio de Tetuán, escuché por primera vez el Bella Ciao.
Alguno de aquellos niños volvió del colegio una tarde cantándola y nos gustó.
De pronto, había silencio en el bar de Escalada; la Pili mediana y la Pili pequeña (había tres Pilis) habían dejado de gritarse y se oía la voz de Carlos y Javi "esta mañana me he levantado oh Bella ciao, bella ciao..."
Tarde a tarde nos aprendimos la canción.
Cuando escuchábamos que los chicos empezaban a cantar, nos sentábamos en corro. A veces había pequeñas peleas porque alguno cambiaba una palabra. Entonces siempre se imponía lo que dijera Javi que era el mayor.
Cada día cantábamos más fuerte aquella canción que hicimos nuestra, entre los bocadillos de la merienda y los cuadernos de deberes. Tan nuestra que incluso le cambiábamos la letra. Gritábamos "Oh de la chao" hasta que aparecía la Petra, madre de Javi y Carlos, y nos decía: "Calllaros ya que nos van a meter a todos en la cárcel".
Creo que de ahí viene que los niños pensáramos que la Petra era muy rara.
¿Cómo nos iban a meter en la cárcel por cantar?
Carlos, Javi y Manolín eran cinco o seis años mayores que nosotras.
Solían sentarse en círculo en el suelo para jugar a las chapas o a las canicas y a nosotras nos gustaba estar por allí y escuchar de qué hablaban.
Muchas veces no querían que oyésemos sus conversaciones y nos invitaban a irnos. Creo recordar que casi siempre con la cantinela de que aquello no eran cosas de chicas.
Otras veces, aunque sólo fuese porque necesitaban gente para hacer parejas de juego, nos dejaban participar en sus cosas de chicos y mayores.
Allí, en ese patio de mi infancia del barrio de Tetuán, escuché por primera vez el Bella Ciao.
Alguno de aquellos niños volvió del colegio una tarde cantándola y nos gustó.
De pronto, había silencio en el bar de Escalada; la Pili mediana y la Pili pequeña (había tres Pilis) habían dejado de gritarse y se oía la voz de Carlos y Javi "esta mañana me he levantado oh Bella ciao, bella ciao..."
Tarde a tarde nos aprendimos la canción.
Cuando escuchábamos que los chicos empezaban a cantar, nos sentábamos en corro. A veces había pequeñas peleas porque alguno cambiaba una palabra. Entonces siempre se imponía lo que dijera Javi que era el mayor.
Cada día cantábamos más fuerte aquella canción que hicimos nuestra, entre los bocadillos de la merienda y los cuadernos de deberes. Tan nuestra que incluso le cambiábamos la letra. Gritábamos "Oh de la chao" hasta que aparecía la Petra, madre de Javi y Carlos, y nos decía: "Calllaros ya que nos van a meter a todos en la cárcel".
Creo que de ahí viene que los niños pensáramos que la Petra era muy rara.
¿Cómo nos iban a meter en la cárcel por cantar?
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