El autobús salió de Barcelona a primera hora de la tarde y hasta las tres de la madrugada no llegará al pueblo.
Viaja muy poca gente y apenas hablan entre ellos.
Él va a visitar a su padre. Enviudó hace un mes y los hijos están preocupados porque desde entonces casi no habla.
Antes no paraba de hablar. Los compañeros de la residencia le daban esquinazo si le veían acercarse por el pasillo. No soltaba la palabra y repetía lo mismo cada día, cada hora, cada momento.
En Hospitalet, un familiar le acercó a la parada del bus dos bocatas: uno de pechuga de pollo a la plancha y otro de tortilla de patatas, y dos naranjas.
Lo comerá todo de una sentada; muy despacio, saboreándolo.
Al terminar dirá que está delicioso.
Luego, mirará por la ventanilla y verá ponerse el sol.
Acaban de pasar Zaragoza.

Comentarios
Publicar un comentario