El duende y la hechicera
Al cabo de varios días... se acercó al duende que permanecía sentado junto a la alberca, y le susurró: "en noches de luna en cuarto creciente, cuando la velocidad del viento sea como la de una zapatilla de seda volando desde una encina a un alcornoque, te acercarás a la orilla de un riachuelo que no tendrá un caudal superior a dos mil tinajas, tomarás tres cucharadas de polvo de cuerno de venado molido y las mezclarás con dos dedales de pimientos verdes triturados, subirás al mirador del avestruz y agitarás la pócima en una aceitera que habrá llegado en un barco desde ...."
- ¡Para, para, para!!! gritó el duende, tapándose sus orejitas puntiagudas. - ¿Todo eso tengo que hacer para no convertirme en roca?
-"Todo eso tienes que hacer para no tener miedo a convertirte en alguien diferente".
Y le ofreció la taza humeante que él deseaba probar desde hacía tanto tiempo.
"Ningún duende se convirtió en roca por tomar café. Era el miedo lo que les hizo inmóviles".

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