El tirano y el grifo







Érase una vez un tirano con labios de bótox que no respetaba los derechos fundamentales de su pueblo.
Donde los humanos solemos tener el corazón, al tirano le había crecido un grifo por el que salía un valiosísimo oro negro.
Cuando sus súbditos le reclamaban libertad les sacudía con el grifo en la cabeza. Si le pedían justicia el golpe era más fuerte en el corazón, hasta matarlos.
Si algún vecino, después de escuchar muchos golpes de grifo sobre los humanos y sus derechos, se atrevía a decirle: "Pero hombre, modérese y no les pegue usted tan fuerte, que están haciendo mucho ruido", el de los labios de bótox amenazaba con cerrar el grifo.

Porque "cerrar el grifo", hasta ahora, había resultado una combinación de palabras mágica que ahuyentaba las intromisiones de los vecinos.
Hasta ahora. El hechizo está a punto de romperse......





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