La ventanita
Cuando se cierra la ventana, es como si una pandilla de hormigas se te metieran en el corazón. Y, como turistas de excursión, caminan por todas partes. Se te cuelan hasta la cocina. Descorren cortinas. Cosquillean con sus patitas en la piel. Murmuran. Corren. Vocean. Deslumbran con los flashes de sus fotos los rincones que tenías en penumbra. Así era el desasosiego.